jueves, 21 de abril de 2011

Daulte, detrás de una quimera

Entrevista a Javier Daulte
Por Adys González de la Rosa
Foto: AGR


La carrera en ascenso de Javier Daulte ha sido acelerada y sin descanso. Quien es, sin lugar a dudas, uno de los directores más prolíficos del teatro porteño encara este 2011 con proyectos que involucran a los circuitos alternativo, comercial y oficial. “Todos dicen que trabajo mucho y mi sensación es que no estoy haciendo nada. Quizás sea porque me gusta demasiado lo que hago y tengo mucho aún pendiente, pero estoy lejos de llegar a colmar ese deseo -comenta. Para mí ensayar, escribir, planificar son cosas que haría igual aunque nadie me contratara”.

Proveniente del off, Daulte fue fundador del extinguido grupo Caraja-ji que en los 90 reunió a jóvenes dramaturgos entre los que estuvieron Alejandro Tantanian y Rafael Spregelburd. En sus puestas se destaca el acertado trabajo con los actores, desde los elencos noveles hasta los más consagrados. “Siempre me gusta combinar actores que ya conozco con otros nuevos. He trabajado mucho con María Onetto, Gloria Carrá y Héctor Díaz. También Mirtha Busnelli y Portaluppi, –y agrega: Me encantaría poder dirigir a Alfredo Alcón, Mercedes Morán y Muriel Santa Ana, y otros más inalcanzables como Javier Bardem”.


Tu próximo estreno es “Espejos circulares”, de la estadounidense Annie Baker. ¿Qué te atrajo de este proyecto?


Esta es una obra que me pasó el productor Pablo Kompel hace casi un año y fue instantáneo, un amor a primera lectura. Es un texto realista y, dramatúrgicamente, de una economía e inteligencia fantástica. Consta de treinta escenas muy breves y el relato aparece como si fuera un montaje cinematográfico. Soledad Silveyra interpreta a la profesora de un taller de teatro semanal para amateurs al que asisten su marido, un carpintero, una mujer recién separada y una adolescente. Un aspecto muy divertido de la pieza es ver a estos personajes no profesionales haciendo ejercicios básicos de teatro y cómo ellos se van comprometiendo con la disciplina. Ahí está resumida la esencia de la obra, el profundizar y comprometerse con cosas que parecen no tener sentido para otros pero que le dan sentido a la propia vida.


Después vas a dirigir “Lluvia constante” del también norteamericano Keith Huff. ¿Existe algún nexo entre las dos obras?


La dramaturgia en EE.UU tiene una amplia tradición donde prevalece por encima de todas las formas posibles que pueda adquirir un relato, el relato en sí mismo, el que se cuente una historia. En estos dos casos se da algo bastante opuesto, por un lado Annie Baker recurre a una economía enorme de recursos discursivos, el sentido último de la obra la dramaturga no lo pone en boca de ningún personaje sino que se produce por una sumatoria de elementos. En el caso de Keith Huff con Lluvia constante es una obra tremendamente narrativa, los personajes están de manera casi permanente contando su historia al público. Son dos policías de Chicago que se ven envueltos en una situación de ribetes trágicos que los excede y obliga a tomar una postura inconveniente para sus propios intereses.


Diriges textos que no son tuyos, ¿también cedes tus obras a otros directores?


Para eso soy bastante complicado. Creo que el trabajo de la dramaturgia termina el último día de función, ni siquiera el día del estreno, es una construcción tremendamente compleja. Si yo no escribiese, no sé si podría dirigir. Sé que mi dirección tiene que volverse cómplice del texto escrito, no únicamente ilustrarlo, no solo “ponerlo en escena”. Yo escribo sabiendo que la voy a dirigir, con una decisión tomada del tipo de montaje y actuación que quiero. Pienso que mis obras tienen todavía una vitalidad y espero que la sigan teniendo, para retomar muchas de ellas dentro de un tiempo y volver a montarlas. Entonces todavía no las abandono.


¿Por qué decides montar “4D Óptico” en Buenos Aires a ocho años de su estreno en Barcelona?


No la traje antes porque no se dieron las condiciones. La voy a hacer en el Cervantes, es una obra de ocho personajes que se tiene que hacer en un teatro pequeño, y no había encontrado el ámbito apropiado ni el momento. Son un grupo de científicos sumergidos en su laboratorio donde viven, aislados de todo. Elegí que fueran científicos porque creo que se parecen a los artistas, están detrás de una quimera y esa dedicación los hace queribles. En 4D Óptico en medio de un experimento se produce una transformación a nivel atómico y molecular, lo que provoca una fisura en la realidad y se filtra otra realidad alternativa. Esto hace que la obra se convierta en dos obras porque empiezas a ver lo que sucede en ese otro lugar que es en un castillo en los Alpes suizos.


¿Qué cambió en tu manera de dirigir cuando das el salto del off al comercial?


No cambió mucho, lo que pasa es que la manera en que pasé del off al comercial no es como se vio acá. Yo empecé a trabajar comercialmente en Europa primero. Cuando hice por primera vez Estás ahí en Barcelona la monté en una sala comercial. A partir de ahí casi todos mis espectáculos fueron en salas privadas en Europa. Luego hice acá Baraka, y todo el mundo suponía, y así salió publicado, que era mi primer trabajo comercial, de hecho era el primero en calle Corrientes pero no en el comercial. Por eso pareció que salté del off al on y nada en el medio, pero en el medio hubo mucho trabajo. En lo artístico trabajo de la misma manera, pero sí es cierto que el modo de producción y los tiempos cambian.


En televisión participaste de “Fiscales” y “Para vestir santos”. ¿Qué lugar crees que ocupa la ficción hoy en una programación en la que los realities y concursos ganan cada vez más espacio?


Creo que hay lugar para todo y todos. Hace años cuando empezaron las emisiones de Gran hermano pensamos que la televisión se iba a reducir a este tipo de realities y no ocurrió. A mí no me molestan, Gran hermano no me interesa pero no se lleva a todos los telespectadores. En un momento se creía que la televisión iba a terminar con el teatro y ahora a nadie se le ocurre pensar eso. Los realities no van a terminar con la ficción sino que permiten una nueva reflexión acerca de la ficción e incorporan nuevos elementos de lenguaje. Me parece que todo puede convivir, los artistas tenemos la obligación de superar con la imaginación este tipo de inconvenientes, ese es nuestro trabajo, no tenemos que estar cómodos y que nos permitan contar la historia como queremos. El mundo cambia y la imaginación está para eso, se dispara en los momentos de incomodidad, para generar una alternativa. La ficción sigue teniendo fuerza y hay una necesidad enorme de ella.


(Tomado de Clarín)

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